La deshidratación en personas mayores

¿Qué es la deshidratación?

 El cuerpo humano está formado en gran parte por agua, y depende mucho de ella, por lo que cuando no tenemos suficiente, pueden haber consecuencias negativas graves. La deshidratación es, por definición, un desbalance del agua en nuestro cuerpo, entra menos de la que sale, y necesitamos más de la que tenemos.

¿Por qué nos deshidratamos?

La deshidratación puede suceder por varios motivos. Desde olvidarnos de beber agua, orinar en exceso (algo que puede suceder como efecto secundario de ciertos fármacos), o tener alguna enfermedad que provoca este efecto secundario. Es especialmente importante en ancianos cuidar de que no se deshidraten, ya que pierden la sensación de sed, y puede empeorar enfermedades ya existentes.

¿Cuáles son los síntomas de deshidratación en personas mayores?

Hay distintos niveles de deshidratación, y sus efectos secundarios también pueden ser leves o más graves. Expondremos los síntomas de deshidratación de menos a más severos.

La primera indicación clara de que una persona mayor está deshidratada es tener la boca seca, ya que las glándulas que producen la saliva no funcionan como toca. El agrietamiento en labios puede ser producido por esta condición. No es grave en sí mismo pero con el tiempo se puede desarrollar y provocar infecciones.

Otra indicación es el cansancio en exceso y fatiga. Las personas mayores ya de por sí pueden sentir esta sensación a menudo por la edad, pero en este caso está causada por la falta de agua. A diferencia de sentirse simplemente cansado y tener algo de sueño, esta fatiga se caracteriza más por sentir falta de energía.

Es común también el estreñimiento y la pérdida del apetito. La sequedad en la boca y la falta de líquidos hacen que nuestro cuerpo no pueda funcionar como lo hace normalmente.

En el caso de la orina, puede haber menos y/o ser de un color más oscuro al normal. Los riñones son los encargados de generar la orina, y cuando nuestro cuerpo está bien hidratado, normalmente generan una orina de color claro. La orina color oscuro es normalmente una consecuencia de deshidratación, y es especialmente relevante en caso de personas mayores ya que su sistema renal ya de por sí puede no funcionar muy bien. Es importante mantener este aspecto vigilado.

La piel, otro órgano que depende mucho del agua corporal, puede llegar a verse claramente seca y agrietada en personas mayores deshidratadas.

Aumentando ya la gravedad de los efectos, se pueden dar calambres musculares y debilidad. Esto es debido a un desbalance de electrolitos, muy común en caso de deshidratación y por el funcionamiento anormal de los riñones en personas mayores. También son causantes las medicaciones con efectos diuréticos. Estar faltos de minerales, puede afectar al control y la función muscular y por tanto causa cansancio, calambres y espasmos.

Si empeoran estos efectos, pueden llegar a encontrarse problemas en la movilidad y al andar más pronunciados de los que normalmente tenga la persona mayor.

Con ello también suelen venir dolores de cabeza, que pueden llegar a ser intensos y causar confusión y desorientación. Es debido a que el cuerpo deja de enviar tanta sangre a esa región al estar con déficit de agua. Similarmente, son también graves los mareos causados por la misma razón que pueden llegar a causar la pérdida de consciencia, en cuyo caso se debe contactar inmediatamente con un médico.

 En la misma línea, se pueden dar alteraciones al ritmo cardíaco, que el corazón vaya más rápido para compensar los efectos de la falta de agua, y puede llegar a ser grave si no se trata rápidamente.

 Todos estos efectos, si se dejan pasar, pueden desencadenar consecuencias todavía más graves, especialmente en los riñones, problemas por faltas de minerales y presión arterial baja, infecciones, golpes de calor y también se puede incluso entrar en estado de shock. La deshidratación es, por tanto, un problema serio que debe vigilarse y en caso de que aparezcan signos en una persona mayor, actuar rápidamente para remediarlo.

¿Qué hacer en caso de deshidratación?

En caso de que ya haya deshidratación, lo primero es que entren más fluidos en el cuerpo, ya sea a través de agua o de zumos. Para casos más graves ya sería conveniente la hospitalización y atención médica.

¿Cómo prevenir la deshidratación?

En personas mayores, prevenir vale más siempre que curar, y cuidar la hidratación es algo a tener presente en el día a día por todas las patologías que ya pueden tener y que la deshidratación empeoraría, porque los medicamentos pueden contribuir a la deshidratación, y, como hemos dicho, porque el cuerpo ya no responde como debería y no transmite sensación de sed aún cuando se necesita beber.

El primer paso es, entonces, beber la cantidad adecuada durante el día, poniendo recordatorios, y haciéndolo aunque no se tenga sed. Se puede contribuir a ello poniendo agua en lugares accesibles y que le recuerden a hidratarse. En caso de problemas de memoria, un acompañante debería encargarse de asegurar la correcta hidratación, animando siempre a beber durante el día.

Es mejor siempre que se haga de forma gradual y no todo a la vez, repartir los vasos de agua durante el día, y en caso de que les cueste más beber, hacerlo con pequeños sorbos repartidos en el tiempo.

Otro aspecto a tener en cuenta es que la hidratación no se consigue solo con agua, sino también con zumos y consumo de alimentos con mucho contenido líquido, como frutas y verduras. Formar una dieta que tenga en cuenta las necesidades de la persona mayor ayudará a prevenir mucho mejor la deshidratación que forzarles a beber agua cuando no tienen sed. Otras recomendaciones son:

●              Evitar que pasen mucho calor en verano y que no hagan mucho ejercicio físico en momentos de más altas temperaturas, para que no haya sudoración excesiva y no se pierdan líquidos de esta forma.

●              De la misma forma, es recomendable evitar también tomar té, café y otras bebidas con efectos diuréticos.

●              Compensar la pérdida de líquidos cuando se ha tenido fiebre, vómitos o diarrea.

La conclusión es que es mejor prevenir que curar, y aunque las personas mayores se pueden recuperar relativamente rápido de una deshidratación leve, hacer pequeños esfuerzos durante el día y modificar los hábitos para facilitar la hidratación harán siempre mucho más para la salud que una cura apresurada.

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